primeras incisiones
Cómo hacer para mirar el punto muerto? Cómo se hace para desentender a la emoción de lo que está sintiendo? Se puede acaso vivir en medio de la reflexión pausada e inanimada que consuela a los sabios, pero desencanta a los que están viviendo. La pausa, la quietud y el instante solo es ilegible. Solo cuando sus fragmentos se yuxtaponen, no importa el orden, es que logran componer la coherencia. En el aire se quedan consumidos por intervalos. No se contrarrestan, pero tampoco se hace alarde de su presencia. Como un rompecabezas al que le falta una ficha, queda incompleto en el espacio. El confín puede estar dado, la forma se puede hasta palpar, para su sentido nunca podrá ser indagado, a menos que se reúna con otros de la misma especie. Se produce la afinidad entre las especies para hacer de la costura una continuación de ritmo y postura. La escultura es la suma de varias manos. Aquellos que no las entienden, no es porque no tengan manos, sino porque no quieren la materia. Son sus capas, sus partículas, su color y su ubicación las que hacen de cada materia el micro mundo interior. Los ciclos de la materia además de mostrar procesos externos, son mutaciones que hace el objeto para acomodarse a la tierra. La materia como tal “es la realidad primaria de la que están hechas las cosas”, en ese caso si se indaga sobre la materia, podríamos controlar la emoción o hacer uso de ella. La segunda posición se me hace mucho mejor. Parece sencilla y solo muestra una salida. Sin embargo la sedimentación, la desintegración por el calor o el frío siempre forja y hace que se entrevean otras salidas. De esta forma el recorrido se hace infinito y muy sugestivo. Los líquidos rosean la escultura y pueden alterar su contenido. Puede ser un acto impuesto o que tienen la efectividad propia del destino, que encuentra su camino para cambiar el fino lino, por así decirlo. No sentir para pensar, no es posible. El cuerpo puede que no sienta, puede no hacer cicatriz que marque las justicias de la vida, pero puede la cabeza estar metida en un laberinto sin salida, propio de los esbores de la vida (que salga la J!).

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