miradas
Para llegar a la parte más alta, antes toca pasar por el hielo que quema y anula los sentidos. Toca parecer loco y un tanto obsceno. La consciencia falla, pero no puede caer en las estafas. De la debilidad se alimenta la historia para mantener la mirada centrada. Es como una trampa, una jugada que hace dudar para que se retroceda al punto de partida. Es la etapa en la que se carboniza la paciencia y la duda se incrementa. Por ello, es poco popular; nadie parece querer estar ahí. Manifestar inconformidad frente al control, desespera a quien está habituado a la rutina. Por eso no es sencillo y puede quedarse solo el hombre en el camino. La prueba se somete a la anulación, la critica y hasta a la deshonra, pero todo esto forma parte de su contenido. Forja el carácter y consolida la idea. Le da forma y la recompone cuantas veces se re-crea. El trabajo constante hace parte del ejercicio, es de carácter obligado para todo aquel que tiene algo en la cabeza, darle vueltas a la idea. Los códigos están en todas partes, por eso en la noche es que salen los errantes. El viajero asume su postura y su posición. Para este caso de huída, es un principio categórico optar por una decisión. La mirada en estos casos es la única vía para llegar al centro. El corazón siempre atento, puede cambiar el ritmo de su movimiento según como sienta los vientos. Sin embargo, a pesar de los velos el contenido del Ello, siempre está.Cuando los ojos se entrecruzan con otra ventana a veces se cierran en busca de otra parada. No hay nada de dichas hasta que se encuentre seguro de la movida. Ya el hecho de decidirse a caminar es un excelente punto de partida. Se sale de la estampida para encontrar otra cruzada con mejor ventura. Toca agregarle en estos momentos al compuesto algo de limón. Que baje la dulzura y que otorgue una nueva duda. A medida que avanza la noche y mueren las verdades se apagan las luces y brotan nuevos intereses. Pero el par de torres de al frente señalan el camino de la vida y cuando las salidas se han bloqueado. El aire se condensa y el rostro cansado y colorado se agobia para encontrar la señal de salida. Cuando se logra la huída se solicita un poco de ají, porque sino lo más posible es que se termine entre llamas y se carbonicen las miradas. El acompañante lateral es el delincuente del camino. Asegura el alimento y ataca cada vez que tiene algún interés. Claro que siempre en el momento de más presión es el que más rápido sale corriendo sin dejar si quiera rastro de su estadía. El ojo que sale de recreo vuelve a enfocarse para que no lo entierren o lo lleven a la hoguera como en la inquisición. La fem se vuelve hábil en el recorrido. Pues en el viaje laberíntico del archivo histórico copila información que solidifica su postura. La vegetación nunca desaparece. El ambiente natural crece en ciclos para albergar a la huésped preferida. Siempre mujer.La raíz se encamina según la dirección de los afectos. El verde contempla las alas y deja respirar el organismo vivo. La torre si se queda es atrapada por la hiedra. La mirada en este caso se complica.

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